Las mujeres de Zongo se alzan como defensoras del territorio en su lucha contra más de 500 cooperativas mineras. Con una rica herencia cultural y un compromiso con la justicia indígena, enfrentan la amenaza del extractivismo y el cambio climático en una región que ha sido protegida celosamente por generaciones.
Zongo es un remoto valle situado a solo 56 kilómetros de la ciudad de La Paz, pero el viaje hacia esta región es complejo debido a su ubicación en el corazón de la Cordillera Real. Los habitantes, en su mayoría de origen aymara, han resistido la expansión de la minería durante años, organizándose en defensa de su tierra y su cultura. A pesar de la amenaza constante, las mujeres de la comunidad han emergido como líderes incansables.
En 2010, las 35 comunidades de la Central Agraria de Zongo lograron expulsar a un empresario minero que estaba contaminando sus tierras. Esta victoria marcó un hito en su lucha, aunque también trajo consigo persecución y encarcelamiento para muchos líderes comunitarios. Aun así, las mujeres como Marcela Quisbert y Eusebia Zambrana se mantuvieron firmes, utilizando la justicia indígena como herramienta de defensa.
Las actividades mineras en Zongo han devastado el ecosistema y han alterado la vida de los habitantes. Antes dedicados a la agricultura y a prácticas sostenibles, las comunidades ahora enfrentan más de 500 cooperativas mineras que operan con escasa o nula regulación. A pesar de que la jurisdicción indígena tiene reconocimiento constitucional, la lucha por la defensa de sus tierras continúa.
Para proteger su territorio, las comunidades han recurrido a su sistema de justicia indígena, en el que las autoridades rotan y participan activamente en procesos judiciales propios. Esta organización les ha permitido resistir la presión de las mineras y el sistema de justicia ordinaria, que a menudo favorece a los intereses empresariales.
Las mujeres de Zongo, lideradas por figuras como Marcela Quisbert y Eusebia Zambrana, no solo han defendido su territorio sino también su identidad. “Cada planta, cada animal, cada montaña tiene su espíritu”, afirma Quisbert, quien además de ser defensora del medio ambiente, es una partera experimentada. “Cuando un niño nace sano, es como si la tierra nos bendijera con una nueva oportunidad”, reflexiona con emoción.
En medio de la resistencia, han enfrentado amenazas y violencia, pero siguen al frente, organizando talleres para educar a las mujeres sobre sus derechos y el impacto de la minería. La lucha de las mujeres no solo es por la tierra, sino también por la vida, el futuro de sus hijos y la preservación de su cultura.
“Nos persiguen porque no les conviene que sepamos defendernos”, dice Zambrana. A pesar de la falta de apoyo del Estado, las mujeres de Zongo han seguido liderando la defensa de su territorio, convirtiéndose en ejemplo de resistencia y de empoderamiento femenino frente a la minería descontrolada.
El rol de la justicia indígena en la defensa del territorio ha sido fundamental. A través de este sistema, las comunidades de Zongo han podido frenar la expansión minera y consolidar un precedente en la lucha por sus derechos territoriales y culturales. Aunque la batalla está lejos de haber terminado, las mujeres de Zongo continúan defendiendo su tierra con fuerza y determinación.
Fuente: Brújula Digital
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