Huanuni, una empresa minera ideal para el "juqueo"



Muchos apuntan a los trabajadores como los principales responsables del saqueo de la mina y dicen que las autoridades de Gobierno lo saben, pero no harán nada porque se trata de una de las importantes bases políticas del presidente Evo Morales, que ahora busca su cuarta reelección.


La Empresa Minera Huanuni (EMH), la estatal de estaño más importante del país, afronta un grave problema de robo de mineral que la presencia del Estado mediante leyes, militares, policías y empresas de seguridad no consigue pararlo porque los responsables de su custodia y algunos funcionarios de la mina están implicados.

Grupos de jucus y sus jefes asolan el cerro Posokoni todos los días y las denuncias son que más de dos millones de dólares pierde la minera al mes. 
La empresa minera invirtió casi a razón de 1 millón de dólares al año, en los últimos 10 años, para controlar el juqueo, pero el robo de estaño ha ido en aumento.

Los puntos de ingresos descontrolados, la complicidad de policías y trabajadores, el aumento súbito de la nómina, la inexistencia de un organismo estatal especializado de control, la falta de valoración del problema de la seguridad como prioridad y hasta el precio en ascenso del mineral, son algunos factores que han favorecido la formación de redes delictivas que se benefician con millones por el robo de estaño.

Muchos apuntan a los trabajadores como los principales responsables del saqueo de la mina y dicen que las autoridades de Gobierno lo saben, pero no harán nada porque se trata de una de las importantes bases políticas del presidente Evo Morales, que ahora busca su cuarta reelección. 



Un sistema de control desordenado, vacíos legales, falta de seguridad e indisciplina son algunos de los factores que permiten que Huanuni sea una empresa ideal para el robo de mineral. Las pérdidas son millonarias, pero el saqueo continúa y va en aumento.



ra de madrugada -04.25- cuando una fuerte detonación remeció las entrañas del cerro Posokoni, donde funciona la mayor mina estatal de estaño de Bolivia. La explosión conmocionó a los trabajadores de turno. Víctor, de 43 años, se encontraba dentro de la mina esperando una volqueta para salir, cuando el estruendo lo sacudió. Al minuto, una densa polvareda inundó el lugar y sus botas, overol y guardatojo quedaron completamente cubiertos. Para respirar se colocó un filtro. Avanzó cuesta arriba, desde 280 metros al interior de la mina, el último nivel en explotación, alumbrado por el foco de su casco. Un grupo de trabajadores que se adentraba le dijo que había volado el almacén de explosivos. Pero no fue así.



Al llegar al nivel 240, tras 15 minutos de caminata, junto a otros trabajadores, enmudeció al ver a las víctimas de la explosión. A raíz del incidente, 10 mineros perdieron la vida y 12 más quedaron heridos.



“Era una desesperación ver ese ambiente”, recuerda Víctor cinco meses después, y dice que tuvo que seguir de largo su caminata para pedir auxilio.

Víctor confiesa que así como él, muchos trabajadores aún sienten miedo cada vez que pasan por el lugar. Esa mañana, lo primero que pensó, al igual que sus compañeros, es que se trató de una venganza de los ladrones de mineral o jucus. “Ellos son vengativos, amenazan”, dice, “siempre tienen conflictos con nosotros, bajan hasta los parajes en grupos y se llevan el mineral”.

Las investigaciones del Ministerio Público descartaron después la participación de los jucus y concluyeron que el hecho ocurrió por un descuido de los mineros en la aplicación de protocolos de seguridad, lo que es rechazado por los trabajadores. La explosión, sin embargo, puso en evidencia el ambiente de tensión que existe en la Empresa Minera Huanuni (EMH), por la presencia de los grupos que roban el mineral.



Los trabajadores sospechan de los jucus, a los que también llaman lobos, porque los conocen muy de cerca. Conviven con ellos cada día de una u otra manera: muchos fueron abordados dentro de la mina por alguno, otros hacen negocios con ellos, algunos tienen familiares o vecinos jucus y otros más robaron mineral en el pasado. El temor a encararlos reina, porque dentro de la mina o fuera de ella nadie les garantiza seguridad si se les enfrenta.

El robo de mineral nunca afectó tanto a la EMH como en la actualidad. Guillermo Dalence, exgerente de la empresa, estima que la pérdida mensual por el robo es de dos millones de dólares o al menos una tercera parte de su producción. El ministro de Minería, César Navarro, cree que es de un millón al mes; la dirigencia de los trabajadores habla de más de dos millones.

Pese a que no hay una cifra oficial, todos coinciden en que el saqueo es millonario, y continúa pese a que el presupuesto para seguridad fue en aumento en la última década en la que se invirtieron casi 10 millones de dólares.

De 2006 a la fecha, cuando la mina pasó a la administración del Estado, las autoridades no hicieron lo suficiente para contrarrestar el juqueo, tal vez lo más honesto en este escenario son los letreros de ingreso a la bocamina principal que recuerdan a los trabajadores que robar mineral es un delito.

Una investigación de la Agencia de Noticias Fides, con apoyo del International Center for Journalists (ICFJ) y la plataforma latinoamericana de periodismo Connectas, confirmó que todo conspira para que el robo del mineral persista en Huanuni. La inspección de la mina, las entrevistas con autoridades, exautoridades, trabajadores y especialistas y la revisión de documentos relacionados con la operación de la empresa, permitieron comprobar la coexistencia de un conjunto de variables en un cóctel explosivo.

Los puntos de ingresos descontrolados, la complicidad de policías y trabajadores, el aumento súbito de la nómina, la inexistencia de un organismo estatal especializado de control, la falta de valoración del problema de la seguridad como prioridad y hasta el precio en ascenso del mineral, han favorecido la formación de redes delictivas que se benefician con millones por el robo de estaño.


El robo de mineral siempre ha sido parte de la historia de Bolivia desde la época de la colonia. Los estudiosos cuentan que los mitayos (mano de obra indígena) después de trabajar para sus dueños, sacaban para ellos una quipina o quipi (mochila) de mineral, consistente en unos 23 kilogramos, a fin de compensar el salario magro. Cuentan que este rescate permitido degeneró posteriormente en el robo de minerales, que es tan corriente hasta nuestros días, como ocurre en Huanuni.

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FUENTE ANF

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